Paseando a pie de mar, cualquiera puede encontrar una gran cantidad de pequeños moluscos que reposan en la arena, cerca del agua. Posiblemente han sido víctimas de una corriente marina o de un travieso viento de Mistral.
En cualquier caso, son las olas las encargadas de traerlos a tierra firme y depositarlos suavemente sobre la fina arena de la playa, donde nuestra sensibilidad dictaminará si recoge y admira por unos momentos aquel pequeño tesoro, o lo aplasta en multitud de trozos.